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ANDREA SERNA: “A MI NO ME HA DEJADO EL TREN”

“Hollywood, papá”. El sol de las tres de la tarde golpea el cuerpo moreno y firme de la presentadora caleña Andrea Serna (32 años). Ella le da su mejor perfil a la cámara mientras se pasa la mano derecha por el pelo para que el viento no la despeine. A lo lejos se escucha el ruido de un tren que se acerca. Detrás de ella, a unos 300 metros, se ve el letrero de color azul oscuro y letras gigantes en el que se lee: ‘Hollywood’. Palabra que significa fama, dinero, gloria. Pero esto no es California (Estados Unidos), miles de kilómetros nos separan del imperio del cine.

Esto es el centro de Medellín (Colombia) y estamos en “Hollywood, papá”, como nos explica un guardia bachiller con su cantado paisa. “¿No conocían Hollywood o qué? ¿No habían venido por acá?”. No. El letrero de nueve letras está pegado a la fachada de un edificio de la capital antioqueña donde se venden diversas mercancías: “Ahí encontrás ropa, buenas pintas a buenos precios”, explica el chico vestido de verde habichuela. Tiene razón, esto es “Hollywood, papá”.

Las nueve letras se divisan desde el final de la plataforma B de la estación San Antonio del metro de Medellín. Allí extiende sus tremendas piernas la diosa de El Factor X (su sexta temporada comenzará en pocas semanas) ante las retinas atentas de los hombres que van en los vagones con rumbo a Niquía. La miran desde la plataforma A, en el costado contrario, pegados a las ventanillas. Ven su espalda desnuda. Ella sabe que la observan. Deja escapar una pequeña sonrisa. Se ve radiante. Este viernes se levantó a las tres de la mañana (trabajó hasta casi la media noche del día anterior), tomó un avión desde Cali, soportó la bajada con curvas de culebra del camino de Rionegro a la capital antioqueña, hizo un check in insoportable en el hotel, coordinó con su equipo una reunión para la noche, atendió entrevistas por teléfono, solucionó problemas desde su BlackBerry (no para de sonar) y no se ve cansada. “Soy así, duermo poco, no más de cinco horas diarias. Le saco mucho provecho al día, lo extiendo y lo extiendo hasta que reviente. Madrugo, tengo que poner un pie en la calle entre las seis y las siete de la mañana, de lo contrario me siento mal”, dice Andrea mientras el metro y sus mirones se alejan.

Bajo este sol la presentadora parece una actriz en sesión de bronceado; finalmente estamos en Hollywood, no, papá? pero ella insiste en que la actuación no es su campo. “Yo creo que ya no voy a actuar nunca. Bueno, tuve una aparición fugaz en la serie “O todos en la cama” …a principios de los 90. Ni recuerdo como llegué al programa. Solo participé en un capítulo e interpreté a una reina. Ah, también salí en Yo soy Betty, la fea, pero no, lo mio es presentar”.

Sin embargo, varios directores de telenovelas y series le han pedido que se presente a las audiciones para sus historias. Herney Luna “Pura Sangre” quiso meter a la caleña en el mundo de la ficción. Ella se resistió. “Sergio Osorio me pidió que presentara el casting para un personaje de Aquí no hay quien viva.Sabía que no iba a aceptar, pero por respeto a Sergio decidí ensayar, hacerlo bien. Estuve una semana preparándome con Nicolás Montero. Llegó el día, actué mi parte y salió bien. Osorio me dijo que él y su equipo estaban gratamente sorprendidos, se murieron de risa viendome en escena pero yo no soy actriz. Soy presentadora. Me ha costado mucho  trabajo llegar hasta donde estoy hoy. ¿Qué tal que me dé por aventurarme por la actuación y luego no resulte? ¿Si no sale  podría dar marcha atrás y seguir presentando?. El riesgo es muy grande. Me quedo con lo mío.

Yo te vi en un tren 

Ahora Andrea está incómodamente acostada sobre una hilera de asientos verdes en un vagón del metro. “Ay, me duele el coxis!”, se queja mientras el fotógrafo ” tirano como todos los fotógrafos” le pide  que resista un poco mas: “Ya casi la tenemos”. La Serna, a pesar del dolor, sonríe. Es una profesional. Sabe que para lograr los mejores resultados hay que esforzarse al máximo. “Desde pequeña he sido así, un poco nerd. Era buena estudiante en el colegio. No solo estudiaba: comía libro!, no podía dormir hasta no aprenderme la última coma del texto, y aunque suene antipático, desde entonces trato de ser la mejor en lo que hago”. Controla hasta el mas mínimo detalle, por eso en el canal RCN le decían “La luminotécnica”. El apodo se lo ganó porque revisaba una y otra vez si las luces del set le convenían o no. “Con los años he aprendido que tipo de luz me favorece, que clase de encuadres me hacen ver mejor. Y ahora, con la resolución que tienen las cámaras de alta definición, me cuido aún mas. Soy exigente en todo. No soy la típica presentadora que llega al plató faltando 5 minutos y a la que le entregan un texto para que lo repita sin importarle de qué se trata. Me gusta llegar con tiempo, revisar cada detalle, saber bien de qué voy a hablar. En El Factor X lo hago así, en Entrevista Andrea (para NTN24), lo hago así; lo mismo en la radio en Llegó la hora. Esa es mi manera de trabajar”.

Y de posar. Tomarle fotos “si se tiene la luz adecuada, claro” es un trabajo fácil. Andrea ahora camina a lo largo de la plataforma B como si fuera una pasarela. Los curiosos de la plataforma A, los que esperan el metro “hombres, señoras, niños” la siguen sin perderse un detalle. No se acercan a hablarle porque los separa de ella las vías del tren. Pero se alcanza a escuchar: “Eh, avemaría, mucha chimbita!”. Andrea ni se entera. Pisa firme y no se distrae. Mira hacia adelante, como siempre. “Me gusta vivir el hoy. Pero miro más allá. Trato de saber qué va a pasar mañana, mejor si puedo ver que pasará en 3 meses, me gusta imaginarme qué quiero que pase el año entrante. Creo en la planeación. Pero ya ves, no todo en la vida se puede planear”. Por ejemplo el amor, ” Sí, por ejemplo el amor”. A principios de febrero de este año aseguraba en Tv y Novelas que estaba “treinta veces feliz” con su nuevo novio, el arquitecto y constructor Alberto Guerra (45 años). Pero su relación terminaría meses después. Tuvo una época feliz. No se le veía así desde que se separó de su esposo, Frank Sheuermann (hubo un intento de reconciliación en París, pero al final todo terminó). La nueva relación no funcionó. “Fue una linda experiencia, pero teníamos planes de vida diferentes. Cuando no se puede…”, dice.

Una nueva hilera de vagones vuelve a llegar a la estación. Los pasajeros se suben. Se cierran las puertas. La plataforma A se queda casi vacía. El metro se va, Andrea ve como se aleja y parece adivinar la última y obvia pregunta. “No, no creo que me haya dejado el tren. En estos 12 años que llevo en la televisión y en los que tengo cumplidos, he aprendido que el tren nunca te deja. Siempre pasará otro. Cuando comencé a trabajar pensé que se me había ido el tren del estudio, pero luego acabé mi carrera de Mercadeo y Publicidad. Muchas veces me preguntan que si me dejó el tren para tener hijos. Pues no. Los quiero tener, me muero de ganas, ya vendrá el momento, quiero ser mamá. Y del que hablábamos, el tren del amor, ya llegará. Siempre, siempre  habrá un nuevo vagón en el que te puedas subir”.

Fuente: Revista Gente



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